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¿Se siente un mal padre o una mala madre? Cómo transformar la culpa en amor y conexión real

Noticia por: Daniela Correa
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¿Se siente un mal padre o una mala madre? Cómo transformar la culpa en amor y conexión real
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En un reciente encuentro en Hola Medallo, Daniela Delgado, de la estrategia Tejiendo Hogares, abordó el sentimiento de culpa que a menudo acompaña a la maternidad y paternidad. La experta destacó que sentir culpa no implica ser un mal padre, sino que refleja el compromiso con el bienestar de los hijos. Delgado propuso dos enfoques para gestionar la culpa: desde la sombra, que paraliza, y desde la luz, que impulsa a la mejora. Además, enfatizó la importancia de la conexión intencionada con los hijos y la crianza respetuosa, que combina firmeza y amabilidad, en lugar de buscar la perfección.
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En Hola Medallo, la profesional Daniela Delgado, de la estrategia Tejiendo Hogares, abordó un sentimiento que acompaña de forma casi inevitable a la maternidad y la paternidad: la culpa.

Lejos de ser una señal de que estamos haciendo las cosas mal, la experta compartió un mensaje liberador para todas las familias de la ciudad: sentir culpa no nos convierte en malos padres; al contrario, es una prueba de que la relación con nuestros hijos nos importa y que queremos darles lo mejor.

Aquí le explicamos cómo entender este sentimiento moral, cómo evitar que lo paralice y de qué manera puede construir una crianza basada en la firmeza, la amabilidad y la honestidad emocional.

La culpa es una emoción moral que actúa como un límite para indicarnos cuándo nos estamos desviando del camino que consideramos correcto. Sin embargo, la manera en que la gestionamos define la dinámica en el hogar. Daniela explica que la culpa se puede vivir desde dos posturas:

  • Desde la sombra (La autocrítica destructiva): ocurre cuando un error cotidiano desencadena una autocrítica severa. Por ejemplo, si por falta de tiempo no le preparó un jugo natural a su hijo y le empacó una bebida procesada. Vivir la culpa desde la sombra es pensar: "Soy la peor madre del mundo, no sirvo para esto, mi hijo se va a enfermar". Esta postura paraliza, genera frustración y se enfoca en uno mismo, no en el bienestar del niño.
  • Desde la luz (La responsabilidad activa): es cuando usamos la culpa como un impulso para mejorar. En el mismo ejemplo de la bebida, un padre desde la luz piensa: "Sé que esto no es lo más saludable, así que mañana me levantaré un poco más temprano o dejaré la fruta picada desde la noche". Aquí la culpa deja de ser un castigo y se transforma en responsabilidad y acción.

Para lograr este tránsito, los padres deben empezar por tener una relación autocompasiva consigo mismos. Es imposible dar un amor sano y compasivo a los hijos si primero no somos compasivos con nuestros propios procesos y errores como adultos.

Muchos padres experimentan culpa por tener que trabajar todo el día y no poder pasar horas con sus hijos. Ante esto, la neurociencia y la disciplina positiva recuerdan que el poder de la presencia es lo que realmente marca la diferencia.

No se trata de estar físicamente en la misma habitación mientras revisa el celular o hace tareas domésticas. Se trata de dedicar, así sea un espacio limitado, a una conexión intencionada y real: mirarlos a los ojos, escucharlos activamente y jugar con ellos.

Recuerde que, al crecer, los niños no recordarán cada palabra de nuestros sermones o regaños cotidianos, pero llevarán grabado en su corazón cómo los hicimos sentir y los momentos de juego y risas compartidas.

La crianza respetuosa suele confundirse erróneamente con la permisividad o la alcahuetería. Sin embargo, la estrategia de disciplina positiva de Tejiendo Hogares enseña un modelo que combina firmeza y amabilidad al mismo tiempo.

  • Sea amable con el niño, respetando su dignidad como ser humano y entendiéndolo como un igual en derechos. Para corregirlo, póngase a su altura física, mírelo a los ojos y explíquele con lógica y respeto qué es lo que no está funcionando. No es necesario gritar, intimidar o usar la violencia para que una norma se cumpla.
  • Sea firme con la norma y el límite establecido en el hogar, haciéndolo respetar con constancia.

Asimismo, las redes sociales promueven falsos ideales de "familias perfectas" que alimentan la culpa de los cuidadores. Los niños no necesitan padres perfectos; necesitan padres con la capacidad de reparar, que tengan la honestidad emocional de pedir perdón cuando se equivocan. Esto no solo sana el vínculo, sino que les enseña inteligencia emocional y vulnerabilidad.

Un gran reto y fuente de culpa para los padres es la transición hacia la adolescencia. Para entender este cambio, Daniela propone la metáfora de un avión:

  • En la primera infancia, el padre o la madre pilota el avión, mientras que el niño va atrás con el cinturón de seguridad abrochado.
  • En la adolescencia, el joven toma el control del avión (pone el motor). El rol del padre no es irse a la parte trasera, sino sentarse al lado como copiloto, acompañando y guiando el vuelo sin quitarle el control.

A nivel cerebral, los adolescentes experimentan una gran descarga de oxitocina, lo que intensifica sus emociones y dramas cotidianos. Su rebeldía no es un ataque personal contra los padres, sino un proceso biológico e interno en la búsqueda de su propia identidad. El deber de los adultos es comprender que no es algo personal contra ellos y mantenerse ahí para acompañarlos pacientemente 

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