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Abuso infantil: señales de alerta y conductas que no debemos normalizar

Noticia por: María José Rodríguez
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La prevención del abuso sexual infantil comienza en el hogar, donde los adultos deben reevaluar conductas que, aunque habituales, pueden vulnerar la autonomía de los menores. Camilo Escudero, de la Estrategia de Prevención de Abuso Sexual de Tejiendo Hogares, enfatiza la importancia de enseñar a los niños sobre el respeto a su propio cuerpo y el de los demás, así como la necesidad de establecer límites claros en el contacto físico. Además, advierte sobre el riesgo que representan no solo los desconocidos, sino también familiares y conocidos, y destaca la relevancia de evitar compartir imágenes comprometedoras de los menores. La participación activa de los adultos es crucial para crear entornos seguros y respetuosos.
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La prevención del abuso sexual de niños, niñas y adolescentes comienza en casa y requiere que los adultos revisen algunas conductas que durante años se han considerado habituales dentro de las familias, pero que pueden vulnerar los límites y la autonomía de los menores.

Camilo Escudero, profesional de la Estrategia de Prevención de Abuso Sexual de Tejiendo Hogares, explicó algunas situaciones a las que padres, madres y cuidadores deben prestar atención y resaltó la importancia de enseñar desde edades tempranas el respeto por el propio cuerpo y el de los demás.

Uno de los principales llamados durante la conversación fue a no asociar el riesgo únicamente con personas desconocidas. La cercanía y la confianza que existen entre familiares, vecinos y personas conocidas también pueden hacer que determinadas conductas se pasen por alto.

Escudero explicó que, al evaluar posibles señales de alerta, los profesionales pueden observar diferentes aspectos físicos, emocionales y comportamentales, además de conductas relacionadas con la sexualidad., por eso, la prevención también implica que los adultos aprendan a identificar comportamientos que pueden representar una vulneración y establezcan límites claros.

Que una conducta sea frecuente o haya sido parte de las costumbres familiares durante generaciones no significa necesariamente que sea adecuada. La invitación es a hablar de aquello que es habitual y analizar si respeta los derechos y límites de los niños.

Uno de los ejemplos mencionados fue la manera en que se enseña a los menores a relacionarse con su propio cuerpo y con el cuerpo de otras personas.

Los niños tienen derecho a decidir cómo saludar. Una de las prácticas que se busca transformar es obligar a los niños y niñas a abrazar, besar o tener contacto físico con familiares, amigos o conocidos. Frases como “vaya y abrácelo” pueden transmitir la idea de que deben obedecer las solicitudes de los adultos, incluso cuando no desean tener contacto físico.

En cambio, los menores pueden aprender que existen diferentes formas de saludar: decir “hola”, dar la mano, enviar un saludo o abrazar cuando realmente quieren hacerlo. La decisión sobre el contacto físico debe respetarse y los adultos también deben evitar imponer besos o abrazos a los menores.

El uso de dispositivos móviles y redes sociales también representa un reto para la protección de los menores. Las fotografías de bebés y niños desnudos o con poca ropa que algunas familias toman y comparten como recuerdos o en grupos familiares puede ser descargada, reenviada o circular fuera del entorno para el que inicialmente fue creada. Por esta razón, es importante evitar este tipo de imágenes que expongan innecesariamente su cuerpo.

La prevención también comienza con conversaciones sencillas y apropiadas para la edad. Los niños deben aprender que su cuerpo les pertenece y que tienen derecho a establecer límites frente al contacto físico. Esto implica que los adultos respeten cuando un niño no quiere ser abrazado, besado o cargado y que no utilicen la confianza familiar como argumento para desconocer sus límites. Además, la protección no debe limitarse únicamente a los genitales. Como explicó Escudero, hablar de intimidad implica comprender que el cuerpo merece respeto y que existen límites que deben ser reconocidos en diferentes situaciones.

La protección de niños, niñas y adolescentes requiere la participación activa de padres, madres, cuidadores, familiares y demás adultos que hacen parte de su entorno.

Identificar señales de alerta, respetar sus decisiones, evitar imponer contacto físico, cuidar las fotografías que se comparten y enseñarles desde pequeños que pueden expresar incomodidad son acciones que contribuyen a construir entornos más seguros.

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