En la cárcel Villa Inés del corregimiento El Reposo en Apartadó, no se escuchan rejas, ni candados, solo se oye el corte preciso de una botella plástica. Y ese sonido viene del interior de sus patios.
Un grupo de personas privadas de la libertad encontró en la basura una forma de ayudar a sus familias y de reescribir su propio destino. Lo que antes contaminaba, hoy es transformado por manos de quienes cumplen una condena.
El teniente José Armando Orozco, director de la cárcel, dijo: “Productos que elaboran con hilos, terlenka y también con material reciclable, como plástico reciclaje, es el plástico de las bolsas de agua que nosotros consumimos ”.
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Botellas, bolsas, tapas, retazos de tela y, hasta madera que el mar arrastra, ingresa a Villa Inés, donde es transformada en hamacas, tarrayas de pesca, bolsos, sombreros, sillas, mesas y estantes.
Rubén Darío Correa, Interno en Villa Inés, expresó: “Con esto me llevo un conocimiento que me enseñaron algo que no tenía, la paciencia, he aprendido a manejar más la paciencia”.
En brigadas dentro y fuera del penal, los reclusos salen a recolectar el material. Luego, lo limpian, lo cortan, lo transforman y con cada pieza, le ganan terreno a la contaminación y al tiempo muerto dentro de este penal. No solo hacen productos, algunos logran enviar dinero a sus hogares. Mientras que otros descubren un oficio que nunca imaginaron.
Luis Hernández, un carpintero que también está internado en el centro penal, hizo un llamado: “Hacerle el llamado a las empresas privadas, también gubernamentales, que no nos olviden, nosotros estamos acá por un proceso y lo estamos pagando. Queremos que nos apoyen”.
Desde esta cárcel de Apartadó los privados de la libertad demuestran que tras las rejas se puede construir un mejor futuro. Una historia que nos recuerda el poder de las segundas oportunidades.
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