Los sismos registrados en el Eje Cafetero vuelven a poner el foco sobre una región con alta actividad tectónica. Hoy, las condiciones geológicas que permitieron aquel evento permanecen activas y tienen en emergencia a esta región.
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El 25 de enero de 1999, un terremoto de magnitud 6,2 sacudió el Eje Cafetero. Quindío, Risaralda, Caldas y Valle del Cauca estuvieron entre las zonas más afectadas. El sismo dejó cerca de 1.200 personas muertas, miles de heridos y cuantiosos daños en infraestructura.
Más de dos décadas después, ese evento continúa siendo un referente para entender el riesgo sísmico de la región. La explicación está en su complejidad tectónica y en la presencia de sistemas de fallas geológicas activas sobre el cinturón de fuego.
En términos geológicos, hablar de una especie de “memoria” no significa que un terremoto pueda predecirse porque ya ocurrió otro en el mismo lugar. Significa que las estructuras tectónicas que han generado sismos en el pasado continúan formando parte de la dinámica de la región y pueden volver a producir movimientos.
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El Eje Cafetero mantiene una amenaza sísmica que debe ser considerada de manera permanente. El antecedente de 1999 deja una referencia clara sobre la capacidad de la región para enfrentar un evento de gran magnitud.
La calidad de las edificaciones, el cumplimiento de las normas de sismorresistencia y la preparación de la población siguen siendo determinantes para reducir sus consecuencias.