Al enterarse de la noticia de que Instagram y YouTube fueron considerados responsables de contribuir a la depresión de una joven estadounidense, Lori Schott dio un salto de alegría y rompió a llorar, como si fuera su propia hija quien acabara de ganar el caso.
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Es "la confirmación de que lo que vimos, que nuestros hijos estaban siendo dañados, era cierto. Esto va a hacer el mundo más seguro", dijo a la AFP esta agricultora de Colorado, que viajó más de 1.800 kilómetros para asistir al veredicto este miércoles en Los Ángeles.
Este juicio histórico involucró a Kaley G. M., una californiana de 20 años que fue usuaria compulsiva de varias plataformas de redes sociales desde la infancia y las acusaba de agravar sus problemas de salud mental y sus pensamientos suicidas.
TikTok y Snapchat llegaron a un acuerdo económico para evitar ir a juicio, pero Google, propietaria de YouTube, y Meta, matriz de Instagram y Facebook, optaron por librar la batalla legal.
La sentencia, que les ordena pagar 3 millones de dólares en concepto de daños y perjuicios, sienta un precedente para miles de familias estadounidenses que acusan al sector de las redes sociales de diseñar deliberadamente sus plataformas para volver adictos a los menores, mediante funciones como los "me gusta", las notificaciones, el desplazamiento infinito y la reproducción automática de videos.
Las plataformas de Instagram y Youtube "no tenían defensa" en este caso, afirmó Schott, indignada por la manera en que los abogados de Meta atribuyeron la depresión de Kaley G. M. a su difícil infancia, con un padre negligente, una madre de mal genio y una hermana que intentó suicidarse.
"Su defensa es atacar a Kaley y a su familia. ¿Y qué hace un depredador? Un depredador ataca a la víctima", dijo.
Enfurecida, esta mujer de 60 años no logra asumir la pérdida de su hija Annalee, que se suicidó a los 18 años.
Su madre descubrió una nota en la que explicaba que se consideraba fea y que se comparaba constantemente con otras mujeres en las redes sociales que utilizaban filtros con regularidad para alterar su apariencia.
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Durante el juicio, los abogados de YouTube e Instagram trataron de convencer al tribunal de que estas plataformas ya no buscan maximizar el tiempo que sus usuarios pasan en línea, a diferencia de sus primeros años.
Pero para Julianna Arnold, cuya hija Coco murió a los 17 años tras recibir fentanilo de un desconocido que conoció en Instagram, estos esfuerzos parecen vanos.
Dice que el aumento de las demandas contra estas plataformas como Instagram y Youtube es esencial, ya que el Congreso de Estados Unidos examina actualmente un proyecto de ley que, por primera vez, impondría un "deber de cuidado" a las empresas de redes sociales.
"Esta decisión no va a cambiarlo todo, pero nos ayuda a moldear la opinión pública", insistió. "Es la única manera de conseguir que los legisladores en Washington nos escuchen", insistió.