En medio de la emergencia y la afectación causadas por el reciente terremoto en Colombia, una historia de solidaridad y empatía ha devuelto la esperanza a los habitantes de Cali, una de las ciudades más golpeadas por el sismo. Annie Agredo y Santiago Fernández decidieron que el día más importante de sus vidas no se trataría de ellos, sino de las familias que lo perdieron todo. Con sus trajes de novios aún puestos, la pareja se trasladó directamente desde su boda hasta un centro de acopio para entregar una gran cantidad de donaciones.
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Un cambio de planes por solidaridad
La pareja llevaba más de seis meses planeando meticulosamente cada detalle de su boda, la cual estaba programada para el 20 de agosto. Sin embargo, al ver la magnitud del desastre que dejó a cientos de miles de personas sin hogar, decidieron dar un giro radical a la celebración. En lugar de la tradicional lluvia de sobres o regalos personales, solicitaron formalmente a sus invitados que contribuyeran con donaciones de alimentos y víveres esenciales.
“Fue un día muy especial, nosotros, a raíz de la tragedia, quisimos tener un evento mucho más respetuoso y congruente con la ciudad y lo que estaba pasando”, explicó Santiago en entrevista con Noticias Caracol.
Voluntariado antes del "sí"
El conmovedor gesto de la pareja no fue un acto improvisado de último minuto. Annie y Santiago llegaron a Cali el domingo 16 de agosto y, desde el lunes siguiente, comenzaron a recorrer la ciudad para buscar activamente lugares donde se requiriera apoyo. Así fue como se unieron como voluntarios nocturnos en un centro de acopio local.
Durante estas jornadas de ayuda, notaron que el centro se estaba quedando vacío de insumos para clasificar. Ante esto, la pareja se puso manos a la obra: hicieron una lista detallada de lo que hacía falta en el lugar y se la enviaron a sus invitados para que compraran exactamente esos elementos como regalo de bodas.
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Una marcha nupcial entre cajas de víveres
La respuesta de los invitados fue abrumadora. Las contribuciones, compuestas principalmente por alimentos para el mercado, llenaron un taxi que casi no da abasto con la cantidad de insumos aportados.
Al llegar al centro de acopio vestidos de gala —ella de vestido blanco y él de traje formal—, el ambiente se transformó en pura emoción. En ese preciso instante, se llevaba a cabo un acto simbólico en el lugar. Un grupo musical, en compañía de un pastor y los voluntarios que estaban en oración, comenzaron a interpretar de forma improvisada la marcha nupcial para homenajear a los recién casados.
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Annie recordó conmovida ese instante: “Creemos que fue el universo uniendo energías tan lindas, nuestros invitados se pusieron la mano en el corazón... nosotros no quisimos dejar pasar un día, porque cada día se necesita”.
Para la pareja, entregar las donaciones aún vestidos de novios fue una forma de decirles a los voluntarios que no están solos y de reconocer su esfuerzo incansable bajo el sol y la lluvia sin esperar nada a cambio. “Llegamos acá y nos recibieron con mucho amor y cariño (...) fue una pequeña manera de simplemente devolverle algo a una ciudad que nos acogió con mucho amor y cariño”, concluyó Santiago.