Mientras miles de personas llegan al Museo Cementerio San Pedro para despedir a sus seres queridos, afuera hay una mujer que lleva décadas vendiendo flores.
Catalina Marín llegó hasta el Cementerio Museo San Pedro para ponerse en los zapatos de Teresa, una mujer de 80 años, que es vendedora de rosas, pero que también carga una historia de dolor.
Teresa dice: “Estoy en este lugar desde el 88”.
Ella se refugió en este emprendimiento luego de que la violencia le arrebató a cinco de sus seis hijos.
“Cuando los problemas de esa violencia que hubo con Pablo Escobar, que sacaban a los muchachos de las casas los milicianos, ahí me los mataron”, cuenta la mujer.
A las 8 de la mañana comienza su jornada, aunque es los domingos cuando más flores vende.
Doña Teresa optó por vender flores artificiales, porque en algunas galerías no se permiten las flores naturales al igual que en algunos osarios y también en algunos cenizarios.
“Hay días que en todo el día se venden dos o tres ramos como hay días en los que se pueden llegar a vender hasta 20 y 30 ramos, depende, por ejemplo, para la festividad de día de madres, de día de difuntos, de padres muertos o de madres muertas, se vende más”.
Y de flores están hechos los días de Teresa: unos son buenos, otros no tanto. Aun en medio de tanta tristeza, su sonrisa nunca la abandona. Porque detrás de cada vendedor en la calle hay una historia que pocos conocen, porque entregan su historia y su vida, como en el caso de Teresa la vida que siempre prevalece.
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