Tras la captura de Manuel Antonio Noriega el 3 de enero de 1990, Panamá inició un complejo proceso de reconstrucción política, institucional y económica luego de años de dictadura y del impacto de la invasión estadounidense.
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La detención del exgobernante, acusado de narcotráfico y violaciones a los derechos humanos, marcó el fin de un régimen autoritario que había aislado al país y deteriorado profundamente su democracia y su economía. Quien juramentó como máximo mandatario fue Guillermo Endara, quien días antes había ganado las elecciones, pero que al igual que en Venezuela, el dictador se negó a reconocer.
“En Panamá se juramenta a Guillermo Endara, alguien que había ganado elecciones en mayo de ese mismo año de 1989, es como si le hubieran tomado el juramento al señor Edmundo y no dejar esa continuidad que es lo que está pasando en este momento en Venezuela”, explicó Andrés Úsuga, analista político.
Panamá enfrentó múltiples dificultades: infraestructura en mal estado, miles de desplazados y un conflicto interno, además de la economía golpeada por las sanciones internacionales.
Con el restablecimiento del gobierno civil y el apoyo de organismos internacionales, el país avanzó en la normalización de sus relaciones diplomáticas.
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La captura del dictador Noriega fue también un 3 de enero como la de Nicolás Maduro en Venezuela.
En este caso lo vivido con Guillermo Endara estaría lejos que se repitiera con María Corina Machado o Edmundo González.
“Ciertamente, me encantaría poder decirle personalmente que creemos que el pueblo venezolano, porque este es un premio del pueblo venezolano sin duda quiere dárselo y compartirlo con él y lo que tiene lo que ha hecho es un gran paso hacia la transición democrática”, señaló María Corina Machado, líder opositora venezolana.
El episodio dictatorial de Noriega dejó heridas en la memoria colectiva del país y abrió un debate permanente sobre la soberanía y la intervención extranjera.