Mientras médicos y enfermeras trabajan por salvar vidas, hay un grupo de mujeres que cumple otra misión igual de valiosa dentro del Hospital General de Medellín. Hoy nos ponemos en los zapatos de las damas voluntarias.
Hasta el piso quinto donde están todas las mamás que acaban de tener a sus hijos, llegan las damas voluntarias para darle acompañamiento a las madres y darles algunos tips de lactancia la importancia que tiene la leche materna y los beneficios que tienen para los bebés recién nacidos.
Alejandra Ramírez es una de las damas voluntarias y explica: “la responsabilidad mía es apoyar y culturizar de alguna manera del tema de lactancia en todas estas mamás”.
María Elena es la encargada del ropero aquí cada puerta está clasificada con los días de la semana y aquí tienen la ropa que le van dando a las personas que lo necesitan ella se encarga de que cada bloque esté bien distribuido y tenga toda la ropa de acuerdo a las necesidades que tenga cada paciente.
Muchas veces llegan al hospital madres que no cuentan con mudas de ropa para sus hijos, y son las damas voluntarias quienes aparecen para ayudar
María Elena dice: “hay pacientes que llegan sin nada de vestimenta y llevan varios días, entonces se tienen que cambiar o a veces también les hacen falta pañales”.
Pañales, productos de aseo, ropa para mujer, hombre, niños y demás son entregados a las familias que llegan al hospital sin recursos suficientes.
También está María Piedad, ella dedica su tiempo a visitar pacientes que permanecen solos. Habla con ellos y los acompaña en medio de la enfermedad y la soledad.
Ella pregunta con mucha empatía a cada uno de los pacientes cómo se ha sentido durante su tiempo en la institución.
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El hospital general de Medellín tiende en su mayoría a pacientes que hacen parte del régimen subsidiado por ende atiende comunidades vulnerables, comunidades indígenas, habitantes de Calle personas en condiciones y situaciones bastante críticas y vulnerables. Aquí no solamente les brindan atención médica sino que las damas voluntarias les brindan pasajes si lo necesitan, pasajes y también ponen a su Servicio hogares de paso.
Y por si fuera poco tienen hasta preescolar para los niños.
Miriam Lucía, Patiño, una de estas mujeres, explica: “les llevamos, loterías, parqués, a veces se los regalamos, hay muchos juguetes que se les dan”.
Son cerca de 80 voluntarias las que hacen parte de esta labor silenciosa. No reciben salario ni retribución económica. Su trabajo nace únicamente de la convicción.
Maria Antonia Rendón, quien también brinda servicios de cuidado dentro de este grupo de mujeres expresa: “todo esto que estamos hablando y estamos viendo es pura vocación”.
Maria Piedad afirma que esta es una labor que ama con todo su corazón.
Ellas son ese abrazo, esa conversación y ese alivio para cientos de personas que encuentran en estas mujeres una mano amiga cuando más la necesitan.
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