Hace 24 horas que en los alrededores del estadio Atanasio Girardot se prendió la fiesta. Suenan risas nerviosas, bocinas improvisadas y canciones de Bad Bunny cantadas a todo pulmón.
Como si el concierto ya hubiera comenzado mucho antes de que se enciendan las luces.
Desde la 1:00 p. m. del jueves, 22 de enero, llegó Valentina desde Ibagué con su novio, acamparon toda la noche, siendo los primeros en la fila.
No fue una espera cualquiera; cada hora ha sido cargada de ilusión. Desde su lugar, canta cada estrofa, se emociona, sonríe y luce su outfit como quien se viste para un momento histórico.
Ella sabe que esta noche no es solo un concierto. Es un recuerdo que se quedará para siempre. Toma fotos y guarda recuerdos, pero sobre todo, sensaciones. Como lo dice el propio Benito, los recuerdos se inmortalizan. Y aquí, a las afueras del Atanasio, ya se están escribiendo historias que no se olvidan.
De amanecida: así están las filas para la entrada al primer concierto de Bad Bunny
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