En las laderas verdes de San Sebastián de Palmitas, donde el aire baja lento entre montañas y el silencio se vuelve parte del paisaje, Orlando Álvarez encontró un nuevo comienzo lejos del ruido de la ciudad.
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“Yo vivía en Medellín, desde el 2020, vine aquí a pasear donde una hija que hacía tres años estaba viviendo acá, y desde ahí me enamoré por el clima, por la tranquilidad, porque estos paisajes aquí son maravillosos”, contó Orlando.
El hombre que hoy recorre las calles en su mototaxi habla con la certeza de quien eligió bien. Palmitas, lo conquistó por su clima templado, sus paisajes abiertos y esa sensación de vivir sin prisa. En cada trayecto, mientras sube y baja por las vías del corregimiento, observa una cotidianidad distinta, marcada por la cercanía entre vecinos y el ritmo pausado de la vida rural.
“Agua por todas partes, aquí no nos vamos a quedar sin agua nunca, que es lo más importante, la fauna, aquí hay de todo, aquí hay naturaleza fresca”, expresó.
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Su trabajo le permite conocer de cerca las historias de quienes habitan el lugar. Entre recorridos y conversaciones breves, ha confirmado que la mayor riqueza del corregimiento está en su gente. Su historia recuerda que uno no pertenece al lugar al que nace sino en el que lucha.
“Yo aquí me quedo porque el calor humano, la gente aquí es muy amable, el clima acá es demasiado bueno, ni es caliente, ni es frío, el aire puro”, agregó.