Las expresiones de Nairo Quintana, Einer Rubio y Santiago Buitrago en la carrera lo dicen todo. Las condiciones climáticas extremas en la Paris-Niza en Francia y la Tirreno-Adriático en Italia hicieron que los ciclistas no solo tuvieran que enfrentarse a la dura competencia, sino también a lluvias intensas, granizo y hasta nieve.
La conocida como "carrera del sol", que históricamente ha sido un evento con buen clima, vivió una edición atípica, donde las bajas temperaturas hicieron que la etiqueta del "sol" fuera solo eso, una etiqueta. En cuanto a la Tirreno-Adriático, la que debería haber sido una competencia en el corazón del Mediterráneo, con paisajes soleados y agradables, no fue así y los ciclistas solo vieron cielos nublados y condiciones adversas, lejos de la playa y el calor.
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Estos desafíos provocaron efectos como hipotermia, resfriados y, en algunos casos, abandonos. Incluso, algunas etapas se vieron recortadas debido al riesgo que significaban las condiciones.
Es fácil desde la comodidad de casa señalar el desempeño de los ciclistas, pero lo cierto es que estas carreras requieren mucho más que solo fuerza. Pedalear durante horas en medio de tan bajas temperaturas es una verdadera prueba de resistencia.
En un informe de En La Grupeta, espacio de Telemedellín dedicado al ciclismo, Santiago Ramírez hace una invitación a valorar la valentía de estos corredores y a reconocer la dureza del ciclismo de ruta, que va mucho más allá de lo que vemos desde la pantalla.
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