¿Por qué hace tanto calor y hay más incendios? El fenómeno de El Niño acecha a Colombia y estas son las alertas de la ciencia

Noticia por: Daniela Correa
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Por qué hace tanto calor y hay más incendios
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El profesor Jesús Adolfo Anaya, de la Universidad de Medellín, analizó en Hola Medallo las causas de las altas temperaturas y lluvias extremas en Colombia, atribuyéndolas al fenómeno de El Niño y al cambio climático. Destacó la necesidad de que la ciudadanía y los gobiernos se adapten a esta nueva realidad climática, ya que se prevé una disminución significativa de lluvias y un aumento en el riesgo de incendios forestales. Anaya instó a la población a implementar medidas de ahorro de agua y a estar alerta ante las emergencias climáticas, enfatizando la importancia de la preparación comunitaria.
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En Hola Medallo, el profesor Jesús Adolfo Anaya, docente de Ingeniería Ambiental de la Universidad de Medellín, explicó detalladamente las causas detrás de las altas temperaturas y las lluvias extremas que viene experimentando el país por el fenómeno de El Niño. El mensaje central del experto es claro: la clave de ahora en adelante es la adaptación de la ciudadanía y los gobiernos locales ante la nueva realidad de los climas extremos.

Para comprender por qué sentimos que el sol está más fuerte o por qué pasamos de un calor insoportable a un aguacero torrencial, el profesor Anaya distingue tres escalas de tiempo:

  1. El Cambio Climático (Largo plazo): es un proceso real y medible en el que el planeta está cada vez más caliente debido a los gases de efecto invernadero generados por las actividades humanas. Esto explica por qué los nevados colombianos se están quedando sin nieve, por qué ciudades como Bogotá y Medellín registran mayores temperaturas históricas, e incluso por qué algunas aves de Medellín ya solo se encuentran en las partes más altas de las montañas porque no toleran el calor de la ciudad.
  2. Las temporadas secas y de lluvia (Escala natural): en el trópico no existen invierno ni verano propiamente, sino épocas donde llueve o deja de llover, reguladas por la zona de convergencia intertropical. Históricamente, los meses más secos son enero, febrero, junio, julio y agosto, mientras que abril y octubre son de abundantes lluvias.
  3. El Fenómeno de El Niño: un evento climático no anual (ocurre aproximadamente cada cuatro años y no se puede predecir con mucha antelación) que se produce cuando cambian las presiones y se calienta la superficie del Océano Pacífico. Actualmente, las mediciones de la Administración de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA) indican que existe una probabilidad del 90 % de su desarrollo, lo que genera una gran preocupación económica y ambiental.

Aunque tradicionalmente en los meses de octubre y noviembre vuelve a llover en el territorio colombiano, el profesor Anaya advierte a las personas que no se confíen porque va a llover mucho menos de lo habitual. El periodo más complejo y seco de esta temporada se proyecta para marzo del próximo año.

Esta disminución en las lluvias afectará de dos maneras críticas:

  • Disminución de la oferta hídrica: los embalses bajarán significativamente sus niveles. Además, ante menor caudal en las fuentes de agua, la concentración de contaminación será más alta y el procesamiento para hacerla potable se hará más lento, lo que obliga a vigilar de cerca la calidad del agua.
  • Emergencias por incendios forestales: las altas temperaturas y la falta de lluvias resecan la vegetación, creando las condiciones perfectas para la propagación del fuego.

¿Cómo prepararnos en el hogar y en la comunidad?

Puesto que las amenazas climáticas y la llegada del fenómeno de El Niño son factores que escapan a nuestro control, el experto destaca que debemos enfocarnos en la adaptación y la mitigación del riesgo:

  • Cuidado extremo con el fuego: la mayoría de incendios forestales ocurren de forma accidental o intencional por actividades humanas. El uso tradicional del fuego para asados (barbacoas), quemar basura, preparar terrenos de ganado o limpiar residuos de cosechas representa un riesgo letal bajo condiciones de altas temperaturas y vientos fuertes. El viento puede transportar ramas encendidas y propagar el fuego con extrema rapidez.
  • Ahorro activo de agua: la ciudadanía debe consumir menos agua en su vida cotidiana, mientras que los alcaldes municipales deben revisar y corregir las fugas en sus acueductos.
  • Escanear nuestra vulnerabilidad comunitaria: Para adaptarnos, debemos preguntarnos: ¿Puede ingresar un carro de bomberos a mi sector? ¿Sabemos dónde están ubicados los hidrantes o si contamos con un extintor en casa? ¿Nuestra vivienda está construida de madera o cemento?

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