Pico y placa Medellín

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¿Es posible la paz total?

Para hablar de paz hay que apartar pasiones si se quiere hacer un análisis más o menos juicioso. Y frente a la Paz Total hay que decir que nadie puede oponerse a una iniciativa como esa, máxime si la sociedad colombiana ha vivido, por decir lo menos, los últimos 70 años en medio de un conflicto que ha dejado millones de víctimas (más de 10 millones) directas, porque las indirectas somos todos los colombianos, pues no hay nadie que no haya llorado por un familiar o un amigo o un conocido muerto, herido, desaparecido, torturado, secuestrado, desplazado, confinado o reclutado.

En ese sentido, todos los colombianos anhelamos la paz, porque nunca la hemos disfrutado, al menos los que estamos vivos, pero contrario a ese sentido, ha sido el derecho a la seguridad el que más nos ha preocupado, porque tampoco la hemos tenido, de ahí que hipotequemos nuestra libertad a quien nos brinde esa seguridad, así sea un bandido.

En lo que no estamos de acuerdo es en la forma de alcanzar la paz y, por eso, la iniciativa del actual Gobierno tiene tantos enemigos como detractores. Ahora, de manera aséptica, hay que partir de una premisa: es agobiador el poder de los grupos armados actuales, muchos de ellos conformados de los residuos que dejaron las negociaciones del pasado que, en términos generales, estuvieron mal enfocadas o desarrolladas, pero ese es otro tema.

Otra premisa es que nadie llega a una mesa de negociación a claudicar y aceptar las condiciones de la contraparte; es decir, es una negociación donde se parte una torta, la del poder si se quiere, y el éxito de esa negociación radica en si soy capaz de quedarme con el pedazo más grande.

Por eso los grupos armados, previo al proceso o en transcurso del mismo, escalan sus acciones, con dos objetivos: mostrar fuerza y hacer sentir que el conflicto todavía existe y sigue acorralando a la sociedad.

Los últimos procesos de negociación se han desarrollado en el marco del conflicto, es decir, solo cuando hay avances significativos se plantean las famosas treguas bilaterales, como la actual con el ELN, asunto que no es de poca monta.

Y negociar con grupos guerrilleros es, de cierta manera, fácil porque encajan en el término de rebeldes, a quienes es conducente darles un estatus político, pero negociar con otras organizaciones como las bandas y los grupos cuyo único fin es, por ejemplo, el narcotráfico es bien complejo, por no decir que imposible, debido a que, para ellos, solo operaría el sometimiento a la justicia, a la luz de la legislación colombiana.

Le queda pues al Gobierno el reto de ser muy ingenioso y creativo para sacar avante estos procesos, porque pocos entienden que mientras se negocia se siga matando o secuestrando o desplazando. Eso sí, esa creatividad no puede superar unos imponderables y es que delitos de lesa humanidad y crímenes de guerra nunca podrán ser amnistiados o indultados, pues Colombia es signataria del Estatuto de Roma que creó la Corte Penal Internacional.

Aquí solo cabe aplicar la justicia transicional, es decir, una alternatividad penal a cambio de verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Entonces, este Gobierno tendrá que desgastarse demasiado para lograr los objetivos de la Paz Total, pero es un esfuerzo que vale la pena si se logra desarticular ese cúmulo de hombres armados que pululan por todo el territorio nacional.