Enseñar a poner límites también es una forma de proteger
Noticia por: María José Rodríguezauto_awesome Resumir con IA expand_more
Hablar con niños, niñas y adolescentes sobre el cuidado de su cuerpo, enseñarles a reconocer sus límites y respetar sus decisiones son herramientas fundamentales para prevenir situaciones de abuso sexual.
La prevención del abuso sexual comienza desde casa y puede estar presente en acciones tan cotidianas como enseñarles a los niños a decir “no”, pedir permiso antes de tener contacto físico y reconocer cuáles son las partes privadas de su cuerpo para poder poner límites.
Daniela González, profesional de la estrategia de prevención del abuso sexual en Tejiendo Hogares, explicó que actualmente existe un mayor acceso a la información sobre las violencias sexuales, lo que también ha permitido cuestionar comportamientos que durante generaciones fueron considerados normales y que se pueden enseñar ahora de una mejor forma.
Uno de los primeros pasos, según la especialista, es entender que poner límites no significa únicamente aprender a decir “no”. También implica reconocer el espacio personal y comprender que nadie debería acercarse o tocar el cuerpo de otra persona sin su consentimiento.

Por eso, prácticas que suelen parecer pequeñas, como obligar a los niños a abrazar, besar o saludar físicamente a familiares o conocidos, pueden convertirse en oportunidades para enseñarles que tienen derecho a decidir sobre su cuerpo.
Otra de las recomendaciones es enseñarles a los niños y niñas los nombres reales de las diferentes partes de su cuerpo, especialmente de aquellas relacionadas con su intimidad.
González explicó una estrategia pedagógica basada en identificar el cuerpo mediante zonas rojas, naranjas y verdes. Las zonas rojas corresponden a las partes íntimas o privadas; las naranjas incluyen áreas que también requieren especial cuidado, mientras que las verdes hacen referencia a zonas de menor intimidad, como las manos o la frente.
La importancia de utilizar los nombres correctos va más allá de aprender vocabulario. Si un niño necesita contarle a un adulto lo que le ocurrió, debe poder explicar con claridad qué parte de su cuerpo fue involucrada. Utilizar sobrenombres o términos confusos puede dificultar que otras personas comprendan lo que está intentando comunicar.
La independencia es otro elemento fundamental en la prevención. De acuerdo con la especialista, los adultos deben acompañar progresivamente a los niños para que aprendan a cuidar su propio cuerpo, de acuerdo con su edad y nivel de desarrollo.
Esto incluye actividades como bañarse, vestirse, ir al baño y reconocer cuándo necesitan ayuda, sin embargo, enseñar autocuidado no significa dejar solos a los niños ni impedir que reciban asistencia cuando realmente la necesitan. En espacios como jardines infantiles, colegios o centros de cuidado, puede ser necesario que un adulto ayude a un menor con actividades de higiene. Lo importante es que los niños sepan quién puede ayudarlos, por qué y en qué circunstancias.

Por eso, en lugar de establecer reglas absolutas como “nadie puede ayudarte”, es importante explicarles de manera sencilla que existen situaciones en las que un adulto responsable puede brindarles asistencia y que ellos pueden expresar si algo les incomoda.
Los adultos también deben revisar sus propias costumbres, pues la prevención también implica que madres, padres y cuidadores revisen comportamientos que han sido normalizados culturalmente.
La forma de relacionarse con el cuerpo, la desnudez, los cambios de ropa, el baño y la intimidad son algunos de los aspectos que pueden convertirse en oportunidades para enseñar con el ejemplo. Más que generar miedo, el objetivo es construir desde la infancia una relación sana con el cuerpo, basada en el respeto, el consentimiento, el autocuidado y la confianza.
Prevenir el abuso sexual también es enseñarles a nuestros niños, niñas y adolescentes que su cuerpo les pertenece, que pueden poner límites y que siempre pueden acudir a un adulto de confianza cuando algo los haga sentir incómodos, confundidos o inseguros.
Enseñar a poner límites también es una forma de proteger
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