En el fútbol colombiano muchas niñas dejan sus pueblos para perseguir un balón. Cambian la compañía de sus familias por una habitación compartida y un sueño: ser futbolistas profesionales. En Medellín, cerca del parque de Boston, una casa de tres pisos se convierte en su nuevo hogar.
Hace 20 años, cuando el fútbol femenino apenas daba pasos, Liliana Zapata y Luz Zapata decidieron que si una jugadora llegaba, había que arroparla.
Aquí se estudia sí o sí, se entrega el celular temprano y se mantiene el cuarto organizado. Pero también hay aguapanela caliente a las 5:00 a. m., arepas con quesito y tres comidas listas cada día, gracias a Margarita, la mamá que cuida el futuro del fútbol femenino.
Algunas, como Sharon, que con 12 años es la más pequeña y otras, como Danna, la que más años lleva en la casa hogar, recuerdan lo duro que fue adaptarse. Pero todas coinciden en algo: lo más difícil es irse de casa.
Porque en Formas Íntimas no solo se forman futbolistas. Se forman mujeres valiosas para la sociedad.
Conozca la casa hogar de niñas donde se forman a las futuras jugadoras del fútbol profesional
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