Entre las montañas del norte antioqueño en el municipio de Belmira, existe un lugar donde el tiempo parece ir más despacio. Se llama Plaza del Río y es un pueblito dentro de otro pueblo, creado para revivir y reconstruir las costumbres de la tradición paisa.
Aquí todo cuenta una historia. Está la escuelita, que recuerda esas aulas rurales donde se aprendía a la vieja usanza: con cuaderno y tiza. El granero, que guarda los productos del campo, la chiva, símbolo de los caminos, una granja llena de animales, la plaza del pueblo y la capillita, cargada de memorias.
Alejandra Trujillo, gerente Plaza del Rio, expresó: “En este pueblito somos un pueblito que tiene capilla, postre, restaurante, granja, granero y todo se asemeja a la arquitectura de la época de nuestros pueblos tradicionales. Porque se nos han olvidado, porque no las queremos dejar pasar, porque de ahí venimos todos. Entonces, siempre hemos querido resaltar todas estas costumbres en este pueblo que nos representa”.
Este pueblito recrea las tardes con los abuelos y se convierte en un punto de encuentro para familias, viajeros y curiosos que buscan conectarse con la esencia del territorio, además de generar empleo a las mujeres del sector.
La gerente añadió: “Aquí somos las personas que damos empleo en la zona, cuidamos a las mujeres de nuestra zona, nos preocupamos por ellas, nos preocupamos porque ellas estén bien, porque trabajen aquí y para que tengan una economía más boyante trabajando con nosotros”.
Plaza del Río es un homenaje vivo a las raíces antioqueñas, escondido entre montañas, donde cada rincón invita a recordar, a compartir y a sentirse como en casa
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