A sus 80 años, a esta Santandereana habitante del barrio Santa Mónica, nada le queda grande, no le duele una muela y le sobra energía y vitalidad. Hace varios años comenzó a caminar dos horas diarias por el sector donde vive, pero al encontrar estas máquinas no dudó un segundo para subirse en ellas y aprender a usarlas.
Cada día sale de su casa muy temprano en la mañana, y llega al gimnasio al aire libre de la Unidad Deportiva del Barrio Cristóbal de Medellín, y allí, sin necesidad de un vestuario deportivo, sin más que su ropa habitual, su bolso, cómodos zapatos y cabello recogido en una trenza, comienza su rutina.
Pero su rutina y jornadas de ejercicio físico no las hace sola, siempre está acompañada de su esposo, un hombre de 85 años, quien también aprovecha cada máquina para ejercitar sus músculos y estar siempre activo.
A su edad su memoria está intacta, el estar en la casa encerrados no es para ellos una opción, prefieren estar activos y esto les ha permitido que sus problemas de salud no sean una dificultad para hacer lo que les gusta y aprovechar su tiempo libre.