Tres monos aulladores llegaron a Medellín tras ser sacados de sus selvas y uno murió
Noticia por: Paula Garcíaauto_awesome Resumir con IA expand_more
Separar a los animales de su hábitat natural puede costarles la vida, y esa dolorosa lección la vivieron tres monos aulladores rojos que llegaron en las últimas semanas al Centro de Atención de Fauna Silvestre del Área Metropolitana y la Universidad CES.
Una pequeña cría rescatada en un negocio de Medellín falleció a causa de graves problemas digestivos. Quienes la tenían intentaron criarla como si fuera un niño y le dieron banano con leche deslactosada para bebés, un alimento que no tolera su organismo y que terminó por provocarle la muerte pese a los esfuerzos de los veterinarios.
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La falta de información y la creencia errónea de que estos animales pueden ser mascotas provocó otras dos emergencias en el departamento. En el municipio de Nechí, Corantioquia tuvo que recuperar a un macho juvenil que estaba siendo manipulado como juguete por varios niños que le daban comida, mientras que en San Carlos un grupo de personas encontró a otra cría cerca de un río, asumió que estaba huérfana y se la trajo para la ciudad. Tras tenerla casi 20 días en una casa, terminaron entregándola en la estación ambiental del Jardín Botánico.

Frente a este último caso, los biólogos y expertos ambientales aclararon que cuando una cría de mono está sola en una rama o en el suelo no significa que la hayan abandonado. En la mayoría de ocasiones, sus padres simplemente se han alejado unos metros buscando hojas o frutos y permanecen vigilantes fuera de la vista de la gente. Llevarse al animal por lástima no es salvarlo, sino condenarlo a un encierro que frena su desarrollo y destruye sus probabilidades de aprender a sobrevivir en comunidad.

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Con estos ingresos ya son 17 los monos aulladores que han tenido que ser atendidos desde 2024 por tráfico o tenencia ilegal. Las autoridades recordaron que esta especie ni siquiera vive de manera silvestre en el Valle de Aburrá y que no comen sobras humanas ni deben estar en casas. El llamado a la comunidad es contundente: la mejor ayuda para la fauna silvestre es dejarla quieta en su entorno y avisar de inmediato a los expertos si se nota alguna emergencia real.
