Iván Andrés Ramírez es un campesino de pura cepa, como se dice en Antioquia, oriundo de El Peñol. Tiene 23 años, pero desde que era un niño creció entre cultivos de tomate y plazas de mercado. Su cotidianidad es esta, que en poco o nada tiene que ver con muchos jóvenes de su edad. Su sueño es continuar con el legado de su padre, un campesino que lleva más de 25 años trabajando la tierra, y perpetuar el negocio de la familia Ramírez.
Iván, campesino administrador de Tomates La Bruja, expresa: “El legado que ha dejado mi papá es muy importante, y no quiero que el día de mañana, si llega a faltar, Dios no lo quiera, se pierda. Todo este esfuerzo es por perseverar en el tiempo”.
Es el menor de los tres hermanos Ramírez, el único hijo varón y quién aparte de su papá sigue cultivando el campo y haciéndose cargo del negocio, por lo que su responsabilidad es aún mayor.
“El campo es lo que nos da la comida, es lo más importante que tenemos, de redes sociales no vamos a vivir si no tenemos con qué comer”, opina el joven.
Para él su labor diaria es un arte y busca que las personas comprendan la importancia de su labor.
“El campo es un trabajo muy bonito, un arte de hecho que ojalá se dieran la oportunidad de conocer, invertir, y es muy gratificante estos productos que con tanto esfuerzo llegan a la mesa de cada uno”, dice Iván.
Según el Dane, en Colombia hay entre 10 y 14 millones de campesinos, lo que equivale a cerca del 28% de la población total del país.
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