Quienes lideran la intención de voto no están en las consultas interpartidistas, eso no quiere decir que hay que desestimarlas. Más allá de quién gane dentro de cada coalición, este ejercicio funciona como termómetro electoral para medir la fuerza de las alianzas políticas en un momento clave y, en algunos casos, consolidar liderazgos que influirán en la visibilidad de los candidatos hacia la campaña nacional.
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“Las consultas dan una medida real de cómo es que el proceso político electoral se está llevando a cabo a través de las instituciones, es una especie de examen parcial antes del final que serían las elecciones definitivas, eso nos permite saber en realidad cómo medir en términos muy reales las fuerzas políticas que hay en el país, además de eso dan legitimidad a las campañas”, indicó Pedro Jurado Castaño, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Medellín.
¿Evidencian las interpartidistas un sistema político fragmentado? Este fenómeno no es exclusivo de Colombia, pero en nuestro caso coexisten las tres consultas en paralelo. Colombia vive una etapa marcada por multiplicidad de coaliciones y tensiones internas, y los liderazgos no siempre se corresponden con estructuras partidarias sólidas.
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“Siempre hay apatía, y las consultas causan más apatiá sobre todo las consultas como estamos viendo, pero también es cierto que en Colombia tiene a votar un porcentaje grande de los colombianos, hay algunos nunca han votado, pero hay un porcentaje importante que va seguramente a salir a las urnas”, manifestó Jorge Enrique Robledo, candidato al Senado.
Lo que no se puede desconocer es que las consultas interpartidistas refuerzan un elemento central de la democracia: el derecho a elegir, pero deben ir acompañadas de discusiones programáticas profundas para que no sean una curiosidad electoral.