Largas filas, horas de espera, para algunos hasta un día entero, hay quienes aguardan antes de amanecer para ganarse un lugar, para estar más cerca, para asegurar un recuerdo que no se repetirá.
Y aunque la espera es extensa, nadie habla de cansancio, todo se transforma en un plan, en parche, en fiesta inusitada. Suenan bafles, se cantan canciones a todo pulmón, hay bailes y risas que espantan el sueño. La fila de Bad Bunny también se vive.
El tiempo pasa distinto entre amigos y emociones. Elizabeth, por ejemplo, llegó preparada: trajo su pequeño ventilador como si fuera un tesoro, porque sabe que la espera es larga, pero el momento lo vale todo.
Y es que el concierto no empieza cuando se encienden las luces del estadio. Todo empieza aquí, afuera. En cada saludo, en cada canción compartida, en cada amistad.
Así es el 'parche' en la fila para esperar el concierto de Bad Bunny
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