Todo jugador atraviesa momentos en los que el rendimiento no aparece. Para Juan José Peláez, la clave está en entender que la desmotivación no es un fracaso, sino una etapa del proceso formativo.
El primer paso es identificar el origen. A veces no se trata de fútbol, sino de situaciones externas: colegio, familia o presión social. Escuchar al jugador permite comprender qué está afectando su ánimo.
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Peláez recomienda separar el resultado del rendimiento. Un jugador puede estar haciendo bien las cosas aunque el marcador no lo refleje. Enfatizar en los avances técnicos y actitudinales ayuda a reconstruir la confianza.
También es importante dosificar la exigencia. El exceso de presión puede bloquear emocionalmente al jugador. En cambio, objetivos pequeños y alcanzables devuelven la sensación de progreso.
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Superar la desmotivación no es inmediato, pero con acompañamiento adecuado se convierte en una oportunidad de crecimiento. En el fútbol formativo, aprender a levantarse es tan valioso como aprender a ganar.