En el corazón de Belén, donde las calles aún conservan ese ritmo de pueblo grande que Medellín no ha logrado borrar del todo, vive pedro pablo, un hombre que ha pasado su vida entera siendo el escultor y cerrajero de 'toda la vida' de Belén.
Seguro en cada cuadra de Belén está presente el legado de Pedro Pablo Murillo, un escultor por destino y herrero por herencia. Este hombre de 64 años carga la historia del barrio entre sus manos, las mismas que han sostenido el hierro durante más de medio siglo para darle forma a un barrio.
Pedro y sus hermanos crecieron allí, entre martillos, fragua, limaduras y un olor permanente a metal. No hubo escuela de arte más estricta que esa casa donde las generaciones se unían alrededor del ruido del yunque.
Belén fue siempre su escenario. Como cuál Brunelleschi de Florencia, sus obras están en todo el barrio.
Su historia es una escultura en sí misma: hecha golpe a golpe, forjada en la fragua de los días, pulida por el tiempo. Y todavía, cuando cae la tarde sobre las calles de belén, es fácil imaginarlo allí, en su taller, dándole forma a aquello que otros solo imaginan.
Pedro Pablo Murillo, el herrero y escultor más popular de Belén
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